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Hámster vulgar
Cricetus cricetus

   El hámster vulgar, a veces llamado también hámster de vientre negro o simplemente hámster, habita desde Europa central hacia el este hasta el centro de Asia. Con sus 21 a 28 cms. de la cabeza al extremo de su cuerpo y una cola de 2,8 a 6 cms. de largo, es el más grande de toda nuestra familia de hámsters. Pesa entre 150 y 400 grms.

   El pelaje del hámster vulgar es de color negro, blanco y rojo, por lo que es el pequeño mamífero de mayor colorido de Europa central. Los dibujos cromáticos están dispuestos de tal manera que el hámster parece mayor y muy amenazador cuando se pone de pie. Con ello puede impresionar a sus enemigos o incluso asustarles.

   Como casi ningún otro mamífero autóctono, el hámster vulgar tiende a presentar coloraciones diferentes. Así, hay animales completamente negros, otros con diversas manchas claras más o menos intensas, e incluso ejemplares blancos de ojos rojos, o sea albinos. Además de estas diferencias cromáticas individuales, apenas las hay que sean de origen geográfico. De modo que la subespecie El cricetus nehringi, del interior de Asia, se diferencia simplemente por su menor tamaño.

   Junto a su vistosa coloración, el hámster vulgar tiene unas patas muy cortas. Cuando corre, parece como si se deslizara sobre su vientre. La corta cola sólo tiene unos pocos pelos, lo que también se puede decir de sus redondeadas orejas. Los grandes ojos son oscuros y parecen botones en la cabeza de hocico puntiagudo.

   Su costumbre de recoger y almacenar provisiones para el invierno le ha dado a este animal su nombre vulgar, ya que húrnstern en alemán significa almacenar. Durante la época de la cosecha, llena sus abazones con granos de cereales, pero también con zanahorias, patatas y gran cantidad de otros frutos y semillas y lo lleva todo a su madriguera. Para el invierno, ésta es más amplia y profunda que para el verano. Las madrigueras de invierno pueden estar a una profundidad de hasta 2 m. y poseer numerosas galerías, galerías verticales y, sobre todo, cámaras. De éstas, una es dormitorio, una la despensa y una el retrete. Algunas de las galerías de entrada son cegadas y están pensadas como salidas de emergencia; las demás también las tapona en invierno antes del período de hibernación, preferentemente con hojarasca y hierba. Las madrigueras de verano suelen estar a menor profundidad, a veces a no más de medio metro.

   Mientras que apenas acolcha las madrigueras estivales, que contienen sólo unas pocas briznas de hierba y fibras, los nidos de las madrigueras de invierno están totalmente llenos.

   En las llanuras, el hámster vulgar vivía en las antiguas estepas. Hoy en día habita en los campos y sus linderos. Prefiere campos de trébol rojo o alfalfa, en los que no hay que esperar molestias de envergadura durante 2 ó 3 años, y en los que siempre dispone de una mesa bien provista. A ello se añade que estas plantas, sobre todo la alfalfa, vuelven a crecer rápidamente cuando han sido segadas, de modo que el hámster siempre suele tener el cobijo adecuado. En estos campos a veces viven varios hámsters, si bien también son animales estrictamente solitarios y cada uno posee y defiende su propio territorio. Los hámsters vulgares conviven casi en colonias en las laderas sudorientales al pie de la cordillera del Altai. De todas maneras, estos animales no son más sociables que en otros sitios, sino que encuentran pocos terrenos adecuados para construir sus madrigueras.

   Los hámsters vulgares viven en las estepas silvestres y cultivadas de las llanuras. No se encuentran en las montañas, a lo sumo hasta los 400 m. de altura y en algunos lugares también hasta los 600 m. en regiones con colinas y montañas medias.

   El hámster se alimenta de cereales y otros frutos del campo; también come patatas, zanahorias y plantas herbáceas, como la alfalfa. De los cereales muerde el tallo a fin de llegar a las espigas. En las plantas de maíz y los girasoles no puede hacerlo, por lo que se encarama ágilmente por sus tallos para llegar a los granos. Casi siempre transporta su alimento en los abazones hasta su madriguera. Si no puede hacerlo, por ejemplo, cuando los cereales están demasiado húmedos, se lleva las espigas enteras atravesadas en su boca. Así por ejemplo, las zanahorias y las patatas también se las mete en los abazones, que son increíblemente elásticos. Si es necesario, también parte los frutos en pequeños pedazos con ayuda de sus dientes.

   Además del alimento vegetal, el hámster vulgar también come animales: insectos, arañas, caracoles y lombrices de tierra, así como las crías de los pájaros que nidifican en el suelo o ratones jóvenes que saca de sus nidos. Asimismo caza ratones de campo adultos, incluso en sus madrigueras, ya que puede cavar más deprisa que ellos. Entre sus presas se cuentan incluso las lagartijas.

   Si sufre de escasez de alimentos, el hámster está obligado a emigrar a zonas con mayor abundancia. En los años 1924 y 1930, hubo verdaderas migraciones masivas de hámsters de la subespecie Cricetus cricetus nehringi. Provenientes de Ucrania, los hámsters trataron por miles de atravesar a nado el río Dniéster, a fin de llegar a la orilla de Besarabia. Unicamente lo lograron los animales adultos más fuertes, mientras que las crías y los más débiles fueron arrastrados hasta el mar Negro. Los hámsters ahogados no tardaron en ser hallados por centenares en las playas.

   Los hámsters que habían conseguido alcanzar la otra orilla del río, se escondieron inmediatamente durante el día, por ejemplo debajo de los botes tumbados en la playa. De noche salieron para penetrar en los pueblos y los campos. Hallaron cobijo en casetas, sótanos e incluso en las viviendas, para buscar por las noches cereales, cebollas y fruta. Dado que expoliaban los jardines y los campos, cada habitante fue obligado a matar cincuenta hámsters. Debió haber emprendido la migración un gigantesco número de estos animales.

   Estos hámsters sólo tienen unos pocos enemigos naturales, como por ejemplo el armiño, el turón, el zorro y las aves de rapiña. Por ello a menudo se pueden reproducir en gran cantidad en las zonas apropiadas, sobre todo teniendo en cuenta que el número de crías es considerable, ya que cada camada consta de 4 a 18 pequeños. Puesto que cada año son corrientes 2, a veces incluso 3, camadas, tienen una buena tasa reproductora.

   El hámster le podría ser de mucho provecho al campesino, ya que come muchos ratones de campo y otros animales perjudiciales. El campesino incluso podría renunciar a los cereales y otros frutos del campo que el hámster consume, pero este animal destroza más de lo que necesita para alimentarse, puesto que rompe muchos tallos a mordiscos, aunque sólo sea para abrirse caminos que le lleven de un lado a otro de los campos.

   Como ser solitario, el hámster es agresivo frente a sus congéneres. Incluso en la época de apareamiento las parejas se aproximan lentamente. En los primeros encuentros, los machos y las hembras sólo se olisquean brevemente en el hocico; la hembra resopla, muerde y echa a correr. Eso

   se repite varias veces. A continuación la pareja se permite un olisqueo mutuo más intenso, también en las glándulas de los flancos y en la región anal. La hembra huye cada vez menos trecho y lo hace con mayor lentitud, de manera que el macho puede seguirla. Al hacerlo, éste deja oír resoplidos y el ruido de afilarse los dientes, con los que trata de pacificar a la hembra. Finalmente consiguen aparearse en la madriguera de ésta. Al cabo de 2 ó 3 días vuelve a echar al macho de su nido.

   En la bien acolchada madriguera la hembra pare las crías tras un período de gestación de sólo 18 a 20 días. Puede tratarse de 4 a 18 crías, si bien lo más frecuente son 8. Al nacer pesan unos 7 grms. y están desnudas y ciegas. Sin embargo, ya poseen los incisivos, que usan a la edad de una semana, cuando la madre les lleva vegetales al nido. Su desarrollo es rápido. Los ojos se abren a los 14 días y a esa edad ya tienen el pelaje completo. Con 3 semanas se independizan y abandonan la madriguera de la madre. A veces se quedan durante un tiempo más, pero la hembra ya no les amamanta.

   Las pequeñas crías emiten una especie de pitidos, sobre todo cuando se han caído del nido. Entonces, la madre las coge cuidadosamente con sus incisivos por la nuca y las lleva de vuelta al mismo lugar. En caso de peligro las lleva a otra madriguera. Si las crías todavía son muy pequeñas, las transporta en el interior de sus abazones; si no, las lleva en la boca. Cuando la madre lleva a las crías de esta manera, éstas caen en la llamada "rigidez de transporte", la cual facilita considerablemente el trabajo a la hembra.

   Cuando las crías dejan oír el ruido de afilarse los dientes, cosa que ya hacen a la edad de 10 días, ello es generalmente una manifestación de miedo y agresividad. No obstante, estos sonidos también los utilizan cuando inician el apareamiento. Frente a sus enemigos el hámster emite resoplidos o incluso chillidos. Cuando lo hace, hincha sus abazones, con lo que parece más grande. Sus dibujos negros y blancos también le hacen parecer de mayor tamaño cuando se yergue. Cuando se siente acorralado, el hámster salta sobre sus enemigos, incluso sobre perros y personas, agarrándose a ellos a mordiscos.

   En las latitudes septentrionales el hámster hiberna, mientras que en las regiones meridionales de su área de distribución puede permanecer despierto durante todo el año. Ello se debe a las temperaturas. Cuando, en otoño, la temperatura diurna media desciende de los 10 ºC, el hámster comienza a hibernar. Al subir la temperatura media en primavera por encima de los 5 ºC, finaliza su letargo. A comienzos y a finales de este período, el hámster despierta cada día para comer de sus provisiones. En mitad del invierno sólo se despierta cada 2 a 7 días. Su temperatura corporal desciende a 4 ó 5 ºC durante la hibernación, mientras que los latidos de su corazón disminuyen a 15 por minuto. El descenso de la temperatura corporal y de los latidos sirve para ahorrar energías y, por consiguiente, para sobrevivir durante la estación fría. Y, si bien la circulación y el metabolismo funcionan a medio gas y el hámster come de vez en cuando algo de sus provisiones, su peso baja en esta época en un 20 a 30%.

   Si en tiempos pasados se creyó que el hámster vulgar era un animal de difícil mantenimiento en cautividad e imposible de criar, ello ha sido rebatido a conciencia. La señora Rosl Kirchshofer consiguió en 1950 hacerlos criar por primera vez. La pareja de cría era tan pacífica que la había podido mantener unida. Ahora se sabe que los hermanos de camada, o los hámsters que se han juntado de muy jóvenes, conviven pacíficamente durante toda su vida. Con ejemplares que se han cazado de adultos eso es imposible y se han de alojar por separado. Unicamente en el período de apareamiento se pueden reunir y sólo si la hembra está en celo. De lo contrario atacaría al macho y le mordería, tal vez incluso le mataría, ya que en una jaula éste no puede huir. En tal caso se deberá intentar otro día. La hembra está en celo cada 4 a 7 días. Si el acoplamiento ha tenido éxito hay que sacar al macho de la jaula de la hembra, pues ésta se vuelve nuevamente agresiva.

   Sobre todo entre los hermanos de camada hay con frecuencia un asombroso entendimiento y paz. Aún cuando la hembra tiene crías, permite que el macho esté en la misma jaula e incluso, a veces, que comparta el mismo nido y se ha observado que el macho ha tomado parte en el calentamiento y la limpieza de las crías.

   Lo importante es que la jaula sea suficientemente grande. Para una pareja de hámsters vulgares no debe ser menor de 100 x 60 cms., con una altura de 40 a 50 cm. Es preferible que sea de una malla metálica fuerte o de barrotes metálicos resistentes. Una jaula construida de madera será roída más tarde o más temprano. En tal caso son mucho más apropiadas las cajas de venta en los comercios para cobayas y conejos enanos. Estas jaulas grandes, fabricadas de plástico con una ventana frontal transparente de plexiglás no sólo resisten los dientes del hámster, sino que también son muy fáciles de limpiar. Según sea necesario, se puede subdividir en dos compartimentos mediante una rejilla, una plancha de plexiglás transparente o una de plástico opaco con una abertura; así, cada animal tiene un pequeño territorio propio, pero también puede ir el uno al encuentro del otro.

   Si no es posible alojar a los hámsters en grandes cercados, en los que se introduce una mezcla de tierra y barro, la cama debe consistir en virutas de madera purificadas, como las que venden ya empaquetadas en las tiendas de animales. En ellos también se puede adquirir paja cortada de cáñamo, que ha resultado muy apropiada, ya que absorbe perfectamente la humedad y los olores. Para acolchar el nido se le puede dar al hámster heno y paja, que convierte con ayuda de sus dientes en fibras sumamente suaves. Para construir su nido se le puede dar asimismo una casita de unos 35 x 25 x 25 cm, que le encanta acolchar profusamente. Si se tienen dos hámsters, es mejor proporcionarles dos casitas-dormitorio, por más pacíficos que sean los animales.

   Como alimento se le puede proporcionar una mezcla de granos, como las que se pueden adquirir para cobayas y conejos enanos. Esta mezcla se compone principalmente de trigo, avena, cebada, maíz, pipas de girasol y pellets prensados. También acepta patatas, colinabos, zanahorias, manzanas, peras y otras frutas dulces, además de plantas verdes tiernas y frescas. Entre éstas se cuentan, además de la alfalfa, Ornithopus y esparceta, el trébol amarillo, hojas tiernas de diente de león, llantén, acedera, bolsa de pastor, cerraja, quenopodio, milenrama, armuelle y álsine, gramíneas y sus paniculas, pero también endibias, espinacas y hierba de canónigos. Pero un hámster no come tanto alimento verde como, por ejemplo, un conejo o un cobaya, sino sólo pequeñas cantidades.

   El hámster vulgar es más bien un animal omnívoro, al que le gusta el alimento de origen animal, que forma aproximadamente el 15% de su dieta total. Por eso, además de "gusanos" de la harina, lombrices de tierra y otros pequeños animales, también se le deben dar pedacitos de carne magra, ternera picada, corazón e hígado. La carne de cerdo sólo se le debe dar cocida.

   A fin de satisfacer su necesidad de roer y evitar así que los incisivos crezcan demasiado, el hámster necesita ramas de diversos árboles planifolios, así como pan integral seco. Algunas galletas para perros también son apropiadas para que pueda desgastar sus dientes, y pueden ser un buen sustituto de la alimentación de origen animal, puesto que le aportan gran cantidad de proteínas.

   Un hámster vulgar recién salido del nido puede volverse absolutamente manso. Incluso desarrolla cierto afecto por su cuidador, al que puede distinguir claramente de entre otras personas. Cuando su dueño lo llama o le silba, acude y se deja coger y acariciar. Con paciencia y compenetración se le puede pedir que realice ciertos trucos que se le han enseñado. Naturalmente, todo ello ha de mantenerse dentro del marco de sus capacidades y tendencias naturales. Así, la señora Elisabeth Naundorf relata en Grzirneks Tierleben que uno de sus hámsters tenía una extraña preferencia por objetos incomestibles. Explica que solía meter en sus abazones todo lo que encontraba, entre otras cosas, gomas de borrar, botones, trapitos y, sobre todo, cintas. Por éstas tenía tal delirio que en las representaciones particulares que dicha señora daba con sus hámsters, el animal les quitaba a las niñas las cintas del pelo y se las metía en sus abazones. Si una cinta era tan larga que no le entraba y la tenía atravesada en su boca, se la volvía a sacar e intentaba siempre de nuevo volver a metérsela. Eso era muy cómico y la señora Naundorf le dio, durante una representación, una cinta bien larga que enseguida empezó a querer meterse en las bolsas. Pero la señora Naundorf la mantenía sujeta por el otro extremo y volvía a sacársela, cosa que enfadaba mucho al hámster, el cual intentaba mantenerla dentro de sus abazones. Cuando esta señora finalmente soltó la cinta, el hámster comenzó a introducirla rápidamente en uno de sus abazones.

   La señora Naundorf demostró la capacidad de aprendizaje de este hámster haciéndole apagar una lámpara de gas. A una imperceptible señal de esta señora, el animal tiraba de una cadenita dispuesta al efecto. Ella lo había ensayado durante mucho tiempo con el hámster, colgándole golosinas de la cadenita.

   Todos sus hámsters habían aprendido a "hacerse el muerto", permaneciendo echados de espaldas hasta que ella, moviendo su mano, les daba permiso para levantarse.

   Al final de la representación, cuando la señora Naundorf veía que su estrella "Nickels" ya no estaba por el trabajo y quería marcharse, se sentaba en cualquier sitio junto a la mesa y le llamaba. Inmediatamente el hámster la buscaba, le saltaba al regazo y desde allí se encaramaba a su hombro. Siempre la reconocía entre todos los asistentes y nunca se iba a otra persona que no fuera ella.

   Estos ejemplos demuestran que el hámster vulgar es capaz de enormes rendimientos.