- Anatomía -
Los sentidos


La vista

   Los hámsters no tenemos buena vista. A más de un metro la visión no es muy nítida y sólo distinguimos sombras. Este inconveniente no nos impide detectar la presencia de aves rapaces y ponernos a salvo. Tampoco distinguimos los colores y vemos todo en blanco y negro (¡qué fastidio!). Pese a todo nuestros ojos son grandes, redondos y protuberante, característica que nos proporciona una visión de casi 360º. Otro factor que nos impide tener un mayor ángulo visual es la colocación lateral de los ojos.

   Nuestros ojos suelen ser de color negro (como los de Tarzán y los míos), aunque el hombre ha seleccionado una variedad (albina) que posee los ojos de color rojo, más o menos subido. Este efecto se produce por la falta de pigmentación en la retina. Al ser transparente el ojo toma el color rojo de la sangre que fluye por los vasos sanguíneos. Algunos hamstercillos, también los tienen color rubí, esto se produce porque sus papás tenían genes de hamstercillo albino y la mezcla ha salido ni negra, ni roja, sino un precioso color rubí.

El oído

   Los hámsters tenemos el oído muy desarrollado. Nuestras grandes orejas nos permiten oír el menor ruido, incluso dentro del campo de los ultrasonidos. Para nosotros el oído es muy importante: si la vista nos puede salvar del ataque de un ave rapaz, el oído es imprescindible para oír el silbido de las serpientes o los crujidos producidos por otros predadores, frecuentes en nuestro hábitat natural. En la oscuridad de la madriguera, este sentido también tiene una importancia fundamental. Gran parte de las relaciones entre la madre y los bebés se producen a través del sonido. Los pequeños emiten un leve pitido, a veces con ultrasonidos, mediante el cual comunican a la madre sus necesidades: hambre, frío, dolor, miedo, etc. También para comunicarnos con otros hámsters lo hacemos por medio de sonidos.

El olfato

   El olfato es, sin lugar a dudas, nuestro sentido más desarrollado. Toda nuestra vida está condicionada por los olores: nos reconocemos por el olor y reconocemos el lugar donde vivimos siempre gracias al olfato. Una madre puede llegar a matar a su hijo si no reconoce su olor; un hamstercillo manso puede morder la mano de su dueño si esta tiene, por ejemplo, el olor de un gato o de un perro extraños o si huelen a comida.

   Los hámsters que pertenecen a una misma nidada y que crecen juntos tienen el llamado olor de grupo y se reconocen y se aceptan bien. Si alejas un animal del grupo durante cierto tiempo, este perderá el olor característico y ya no tendrá el derecho de pertenecer al grupo. En tal caso, si se le introduce en la jaula es recibido como un extraño y, por consiguiente, es atacado.

   La demarcación de nuestro territorio también la hacemos a través de los olores (emitidos por las secreciones de nuestras glándulas situadas en nuestros flancos) y, por lo tanto, a través del olfato.

    Los humanos dicen que es divertido vernos cómo husmeamos todo lo que encontramos, incluido el aire, pero es la forma que tenemos de obtener información acerca del mundo que nos rodea.

El tacto

   Los hámsters somos animales que vivimos en galerías subterráneas y que realizamos actividades durante las horas nocturnas. Por este motivo tenemos el tacto bastante bien desarrollado. En nuestro hocico, especialmente alrededor de la nariz, tenemos unos largos bigotes que nos sirven para "medir" los orificios del suelo antes de introducirnos en ellos. Algunos de estos pelos se localizan también en nuestra cabeza, entre nuestras orejas, en nuestro cuerpo y en nuestras patitas.

   Antes de penetrar en una cavidad, "tomamos las medidas" con los bigotes. En cambio, cuando estamos asustados nos refugiamos en un lugar apartado (detrás de un mueble, por ejemplo), sin fijarnos en el espacio que hay. Esto explica que a veces nos quedemos "empotrados" y no tengamos recursos para salir por nosotros solos. Por este motivo, cuando nos dejáis sueltos por la casa hay que vigilarnos para que no nos metamos en este tipo de líos. Es más, esto puede ocurrir fácilmente porque la reproducción en cautividad ha hecho que nuestros bigotes pierdan su función y los tengamos casi de "adorno".