En
ambos lados de nuestra cabeza, desde las mejillas hasta los hombros, tenemos
unas grandes bolsas, que reciben el nombre de abazones, formadas por piel
dura y seca, en donde almacenamos grandes cantidades de comida que, si no
consumimos en el momento, transportamos a la madriguera. En el orificio
de entrada tenemos unos pelitos que impiden que se nos salga la comida por
accidente. Cuando queremos vaciar las bolsas, las oprimimos con las patas
anteriores desde detrás hacia delante y el alimento sale sin problemas.
Es impresionante y a la vez divertido, ver la cantidad
de comida que logramos almacenar en nuestros abazones.
Gracias a ellos, podemos transportar mucha comida a la
madriguera manteniendo la total libertad de movimientos. En estas bolsas
no tenemos glándulas, es decir que la digestión del alimento no empieza
en su interior, sino cuando es masticado con nuestros dientes.
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