Los hámsters formamos parte del
orden de los roedores que se caracteriza por la presencia de dos fuertes
incisivos en cada mandíbula. Nuestros dientes carecen de raíz y, por consiguiente,
su crecimiento es continuo durante toda nuestra vida. Los incisivos son
muy cortantes y por la cara anterior están recubiertos por una dura capa
de esmalte. En cambio, la cara posterior es más blanda. Dado que roemos
continuamente cuerpos duros, como por ejemplo madera o pan seco, los dientes
se nos desgastan más por la parte posterior que por la anterior y, en consecuencia,
siempre están afilados.**
Nuestra cabeza y nuestra musculatura están estructuradas
en función de los incisivos. Nuestro cráneo es proporcionalmente grande,
en relación con nuestro esqueleto y nuestra musculatura está muy bien desarrollada.
Como no tenemos dientes caninos, hay un espacio de encía (diastema) entre
los molares y los incisivos.
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